domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 7

Andaba sonriendo, bailando, volviendo a ser una niña. Ahora no necesitaba nada. Solo quería. Dormir. Soñar.
Llegaba a casa de Diana. Ella debió haberla visto por la ventana de su habitación porque estaba en la puerta esperando.
-¡Te voy a matar Daniela! Nos has dejado plantadas.-Le dijo moviendo las manos.
-Lo siento un montón, pero tengo escusas.-Explicó juntando las dos manos.
-Anda entra. Cuéntamelo antes de dormirnos.
-De acuerdo. Pero… ¿qué ha dicho mi madre?
-Que vale, pero que nos durmamos pronto.-Suelta un suspiro de alivio. No ha sospechado nada.
Subieron a la habitación de su amiga, donde le contó el gran reencuentro y la gran aventura que había vivido esa tarde junto con su hermano Guido.
-¿De verdad? ¿Con Guido? ¡Qué fuerte! Y… ¿Os habéis dado los teléfonos? ¿Tiene tuenti?
-Jaja. Para huracán. Sí, me lo dio. También tiene tuenti.
-¿Cuándo os vais a volver a ver?
-Pues hemos quedado en vernos esta semana.
-Me alegro un montón por ti Daniela.-La felicitó dándole un beso en la mejilla.
-Yo también. Pero ahora-dijo bostezando- vamos a dormir un poco que es bastante tarde.
Apagaron la luz de la mesita de noche de Diana. Y las dos se durmieron profundamente en sonrisas y sueños.
Corrían y corrían. Quedaban cinco minutos para que cerraran las puertas del colegio. No les había dado tiempo a desayunar.
-Diana.
-Daniela.
Las dos chicas entraron por la puerta justo cuando el profesor había dicho sus nombres.
-Llegan tarde. ¿Lo saben?
-Sí. Lo siento. Se nos ha hecho tarde.
Se sentaron. Y… Eva y Andrea no tardaron en preguntar qué pasó ayer.
-Luego os contamos locas, ahora mejor atender u hoy acabaré en dirección.-Advirtió Daniela.
Larga y larga clase de matemáticas. Pero algo desvió a toda clase de la seria explicación del profesor.
-Hola. Buenos días. Disculpen la interrupción, pero busco a la señorita Daniela.
Tímida ella levantó la mano.
-Soy yo.
-Le envían esta invitación.
Se levantó y con un simple “gracias” cogió la invitación y se dirigió de nuevo a su sitio.

“Hola pequeña, me lo pasé genial a noche y ya te echo de menos. Por eso te escribo esto: El sábado que viene es mi cumpleaños. Me encantaría que vinieras. Trae a tus amigas si quieres hermanita. Es en la casa de mi amigo Daniel. Ya te enterarás donde está. Besos tu hermano mayor”
Suena el timbre de cambio de clase.
-Chicas, mi hermano nos invita a su cumpleaños el sábado que viene.
-¡Qué fuerte!-Dijo Diana afanándose.
Una hora más. Y otra. Recreo. Una más. Otra más.
¡Campana de la liberación!
Sus amigas se quedaban en la biblioteca, pero ella se encaminaba sola hacia su casa.

-¿Tú eres Daniela?- Dijo un chico que no le sonaba de nada.
-Sí, soy yo. Pero…No te ofendas pero no sé quién eres.
El chico soltó una gran carcajada, era normal que la chica no supiera quién era él.
-Soy un amigo de tu hermano, Javier. Me ha pedido que venga a por ti para llevarte a un sitio.
-Pues…Claro. ¿Está muy lejos?
-¡No! En quince minutos estamos allí.
-De acuerdo.
Montaron en un coche. Un “Seat”. Y efectivamente en un cuarto de hora estaban allí.
-¡Qué casa más bonita!
-Tu hermano te está esperando allí.
La chica le sonrió a Javier y corrió a abrazarlo.
-Hola Guido.
-¿Te he metido en un aprieto al recibir la invitación?-Le dice dándole un beso.
-Un poquito. Pero ¡me ha encantado Guido!
-Esta es la casa de Daniel. Así podréis venir andando tus amigas y tú.
-¡De acuerdo!


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