Capítulo 3
Solo quedaban unas horas para el amanecer y ella no había pegado ojo. Daba vueltas en la cama, enterraba la cabeza en la almohada y cuando necesitaba el aire la volvía a sacar. Mira la hora una vez. Las Seis y media. No tiene sentido abrir el MSN porque no habrá nadie con quien compartir sus penas. Lo que le pasa ahora mismo es algo extraño que no ha sentido nunca. Recuerda la conversación de ayer con una de sus amigas.
-¿Vas a salir el sábado?-Diana intentado organizar una fiesta con todas sus amigas.
-Pues… No lo sé.-Diana la mira con cara de sorpresa. Le parece ¡tan extraño que su amiga no salgo un sábado!
-¿Cómo que no lo sabes? ¿No vas a venir a la fiesta?
-Es que los exámenes están ahí y no me sé nada, debería dedicarlo todo a estudiar.
-Pues sales el sábado y el domingo lo dedicas a estudiar.
Daniela resopla. La verdad es que le apetece mucho ir.
-¡Venga por favor! Si van a venir chicos.
-Diana.
-¿Qué?
-Que a mí lo de los chicos me da igual.
Hay unos segundos incómodos de silencio, pero al final Daniela cede y acepta.
Ahora, arrepentida de haber dicho que sí, lleva toda la noche dándole vueltas al tema, pero sobre a una frase: “¡Venga por favor que van a venir chicos!” Es verdad que Diana ha tenido bastantes novios, pero ella es así. Una chica decidida y muy atrevida. Aunque si lo piensa bien ella tiene diecisiete años y no ha tenido ninguno. ¿Es normal?
Vuelve a mirar la hora. Las Siete.
Cierra los ojos. Nada, que no hay forma.
Pone la mano encima de su mesita de noche y toca algo. Ah, es el libro de su madre. ¿Lee? ¿Por qué no?
Como suponía el libro no le gusta. Es demasiado infantil. A ella le gustan las cosas un poco más románticas.
Otra vez su mirada se dirige al reloj de pared. ¿Las Ocho? ¿Ya? No quiere levantarse todavía, pero sí que puede coger el portátil y meterse en el MSN, quizá alguien esté conectado.
Pone su contraseña. Se carga. Ya. No hay nadie conectado como esperaba, pero en su bandeja de correos electrónicos ve que tiene cinco, lo cual le resulta extraño porque la noche anterior los había borrado todos.
Los cuatro primeros es publicidad y el último es uno de aquellos correos que dicen: “Si quieres encontrar el amor mandan esto a todos tus contactos” ella nunca lo suele hacer porque siempre le ha parecido una gran tontería, pero esta vez decide mandarlo a diez de ellos.
Una lucecita naranja se abre en la barra de herramientas del ordenador de Daniela. ¡Es Carlos!
-Hola ¿madrugando?-pregunta.
-Sí. Hoy no he dormido mucho- le responde con una carita sonriente- Una pregunta.
-Dime Daniela.
-¿Tú vas esta noche a la fiesta de Diana?- Si Carlos no va es muy posible que ella tampoco.
-Sí, me lo dijo ayer y como ya sabes cómo es pues no me pude negar. Tú supongo que sí ¿no?
-Pues me lo estoy pensando.
-¿Por? ¿Has quedado con alguien?
-No. Solo es que me gustaría estudiar esta tarde. Pero si tú vas yo también.
Siguen hablando, conversando y riendo, hasta que a Daniela se acuerda de la pregunta que quería hacerle a Carlos.
-¿Tú envías lo correos que dicen: “Manda esto a diez personas y encontrarás el amor verdadero”?
-Claro que no Daniela, eso son puras trolas.
-Claro…
-¿No me digas que tú si lo haces?
-No, claro que no. Pero hoy sí lo he hecho.
-Y si nunca lo haces ¿hoy por qué sí?- Carlos está confundido, no entiende la respuesta de su amiga.
Daniela le cuenta a Carlos el motivo de porque no ha dormido y de porque ha mandado el mensaje. Carlos desde su ordenador lee asombrado las palabras de su amiga.
-Pero Daniela… ¿Cómo puedes ser tan tonta? Cuando tenga llegar ese chico llegará, no tengas prisa.
-Ya lo sé Carlos. Pero todas mis amigas han tenido ya novio. ¡Y YO NO!
-¿Y? Da igual. Tú no tienes por qué ser como tus amigas.
Tras un tiempo discutiendo Carlos pone fin a la discusión.
-Daniela ¿quedamos en un rato para dar un paseo?- Una buena propuesta.
-¡Claro!-Mira la hora, las diez- ¿A las doce?
-Vale.
-Guay, voy a ducharme… Adiós Besos.
Apaga el portátil. Y lo deja sobre la mesita de noche.
Suena What Makes your Beautiful de One Direction, la traducción en castellano sería ¿Qué te hace bella? Descuelga el teléfono.
-¿Quién es?
-¡Hola Daniela! Soy yo Diana te llamaba para…
-Saber si voy a ir a tu fiesta- adivina e interrumpe a la chica.
-Sí, eso-Responde un poquito molesta Diana.
-Pues seguramente sí que voy a ir.
Un grito se oye. Diana está demasiado feliz.
-Gracias Daniela, te quiero, adiós.-Y cuelga sin que le dé tiempo a la otra chica a despedirse.
Esta chica siempre tan alocada. Seguramente se arrepentirá de ir a esta fiesta.
Elige de ropa una camiseta azul oscuro de manga corta (ya que hace buen día) y una mini falda con medias, de calzado escogerá unas “sabrinas”.
Entra en el cuarto de baño y observa que está ocupado. Su padre se está duchando. Tendrá que esperar. Ahora recuerda que ayer cuando regresó, su hermana estaba enferma. ¿Cómo estará? Debe ir a verla.
Toca a la puerta y entra, ahí está con las mejillas sonrosadas y sonriéndole.
-¿Cómo estás princesa?-le dice dándole un beso en la frente y susurrándole los buenos días.
-Creo que mejor, porque tengo menos fiebre y el dolor de cabeza ya no es tan fuerte- responde dando votes en la cama.
-Me alegro mucho ¿sabes?
Claudia sonríe. Siempre ha sido una niña muy alegre, pero cuando se encapricha con algo es mejor no llevarle la contraria.
-¿Te vas?- Daniela no comprende la pregunta de su hermana.
-¿Cómo que si me voy?
-Es que como llevas ropa en la mano.-Le aclara acariciando la tela de la camiseta que se va a poner su hermana.
-¡Oh! Sí he quedado con Carlos en un rato.
-Con tu novio ¿no?
¡Madre mía! Claudia siempre con la misma historia.
-Claudia, ¡me faltan dedos para contar la cantidad de veces que te he dicho que no tengo novio!- A veces su hermana llega a ser muy pesada.
-Lo siento Daniela,-Se disculpa, pero no se cansa-es que me parece raro que una chica como tú no tenga novio.
Daniela ríe y da un abrazo a su inocente hermana. Se despiden.
Se ducha. Se viste. Se seca el pelo. Y como otras muchas veces ha hecho en el día mira la hora en el reloj de su móvil. Las Doce. Debe salir corriendo.
Baja las escaleras y le da un beso a su madre y otro a su padre.
Por el camino se acuerda de una canción: “Esta soy yo” de “El sueño de Morfeo”. Una chica que transmite el mensaje que ella admira: “Yo soy como soy y si no te gusta no mires”.
Entra en la plaza donde había quedado con Carlos, mira a su alrededor y lo ve. Se acerca.
-Hola, ¿qué tal?
-Un poco preocupada por lo de esta mañana.
-Pero Daniela deja tiempo al tiempo.-La intenta consolar su amiga.
Ella gime un poco.
-Anda vamos, quiero llevarte a un sitio.
¡Sorpresa, sorpresa!
-¿A dónde?- Pregunta curiosa.
-Voy a invitarte a comer a un restaurante nuevo que han puesto al lado del parque “15 de Marzo”.
-¡Qué bien! Pero antes tengo que llamar a mi madre, para avisar que no voy a comer.
Daniela saca su móvil del bolso y busca el número de su madre.
-Mamá hoy voy a comer con Carlos, así que no me esperéis, adiós un beso.
-Ha saltado el contestador, por lo tanto le he dejado un mensaje de voz.
Carlos asiente. Caminan durante un rato riendo, hablando y gastando bromas.
Llegan. El chico deja pasar primero a su amiga. Se sientan en un sitio cerca de la ventana.
Daniela lo ve… Se le encoge el pecho. Pierde la noción de la realidad