domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 4

Sentada en esa roca, en la que tantas y tantas veces jugó cuando tenía unos años menos. Está pensativa, ausente, intentando olvidar aquellos ojos azules, aquel pelo rubio y aquella tarjetita que llevaba con un clip en la camiseta en la que ponía Pablo. ¿Sería ese su nombre? Pablo. El nombre del protagonista del último libro que se leyó: “Un amor sin cariño” Un libro sobre el noviazgo de dos personas solo para poder intentar ser populares en su instituto.
Los párpados le pesan. No le hacen el favor de quedarse despiertos un rato más. El tiempo que tardaría en llegar a su casa. Cae en el césped del parque, aquella tarde de sábado que será demasiado especial para una chica de diecisiete años.
Cuando despierta, no está en el áspero césped de aquel parque. El parque “15 de Marzo” En él ha vivido momentos buenos y malos. Aunque poco a poco el vínculo que había con ese parque y ella se ha ido distanciando por culpa de la edad, de la niñez a la adolescencia. Daniela siente cierta nostalgia.
Tocan a la puerta. Su madre.
-Hola cariño ¿estás bien? ¡Menudo susto nos hemos llevado cuando Carlos te ha traído dormida!
¿Carlos? ¿Cómo la ha encontrado? ¿Cómo habrá intuido que estaba allí? Lo que no le pase a ella no le pasa nadie.
-¿Carlos me ha traído?-Espera que su madre le dé una buena razón.
-Sí, dice que estaba dando un paseo con su perro y te vio tirada durmiendo.
-Es que estaba allí dando una vuelta, recordando todos los buenos momentos que han transcurrido en ese lugar y me senté en una roca, bueno y… me dormí.
-Pues ¡menos mal que solo ha sido eso, menudo susto!- Responde su madre abrazándola.
-Lo siento mamá, no pasará más.-Se disculpa.
Su madre le sonríe amablemente y sale de la habitación.
Coge su móvil para ver las llamadas perdidas en las últimas horas. Raramente no tiene ninguna. Dirige su mirada al reloj de su móvil. ¡LAS NUEVE! ¡MADRE MÍA LAS NUEVE! ¡Tiene que llamar a Carlos, arreglarse, vestirse, maquillarse! ¡Va a llegar tarde a la fiesta de Diana!
El chico se adelanta, menos mal.
-Hola Daniela, ¿estás mejor?
-Carlos sí estoy genial, pero ahora tengo que vestirme.-Unos segundos de silencio.-¿Tú vas?
-Sí, claro. ¿A qué hora paso a por ti?
Daniela piensa unos instantes.
-A las diez, llegaremos un poco tarde pero no creo que a Diana le importe.
-De acuerdo. Adiós un beso Daniela.
-Otro para ti Carlos.
Los dos chicos cuelgan a la vez. Daniela comienza a recordar algo. Una confusión inunda su cabeza… Pero no sabe bien qué es. Solo que…
Eligiendo la ropa. Un vestido azul palabra de honor que le llega casi a los tobillos. Unos zapatos (azules también) con un poquito de tacón. En el cuarto de baño se alisa el pelo, jugando con algunos mechones. Los labios se los pinta de un color rosa claro. No quiere llamar mucho la atención, así estará bien.
En un bolso pequeño mete su móvil y el monedero.
Tocan al timbre, debe de ser Carlos.
Antes de salir y abrir la puerta grita un:  “ Mamá, papá, me voy adiós”.
-Hola.- Se saludan con dos besos.
Carlos tarda en contestar, ¡va preciosa! Parece una diosa; ese vestido le sienta genial y el color de labios que lleva la hacen muy discreta, moderna y a la vez elegante.
-Hola, creo que llegaremos un poco tarde.-Dice Carlos mirando el reloj.
-Sí, eso pienso yo también, pero no creo que a Diana le importe. Cuando lleguemos se lo estará pasando también con esos “chicos” que supuestamente iban a ir que no creo que se dé cuenta de nuestra ausencia.-Bromea ella.
Se encaminan hacia su casa. Diana tiene suerte. Sus padres son un matrimonio ocupado, tienen que viajar mucho para realizar bien su trabajo, por lo tanto Diana tiene mucha libertad para hacer lo que quiere. A veces (y solo a veces) le gustaría ser ella. Pensándolo bien tiene una vida perfecta, una vida que en la mayoría de las ocasiones controla ella, solo ella, nadie le dice que hacer. Le tiene algo de envidia.
Llegan.
¡Guau! La fiesta mola un montón. Tiene unas ganas tremendas de entrar y pasárselo genial.
-¡Hola chicos! Pensé que no venías, me alegra veros.-Diana los saluda.
Carlos la mira, va más guapa de lo habitual. ¡Pero qué dice! A él le gusta ella y punto.
Las horas pasan. Y poco a poco Daniela se aleja de  la fiesta, para de bailar y de reír. Va a beber un poco de agua, pero su amiga no va a dejar que pierda el ritmo de esta noche increíble.
-Venga Daniela ven, van a poner nuestra canción.-Le grita a Daniela.
Ella va corriendo y como dos locas se ponen a bailar exageradamente. Riendo. La canción termina. Y alguien le toca el hombro a Daniela… Lo ve. No sabe qué decir. Él la coge de la mano y se la lleva a bailar la canción lenta de Demi Lovato que acaba de empezar.
No hablan, solo se miran y sonríen… Esa sonrisa, aunque Daniela no lo sabe, será suya por siempre.

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