domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo 9


                                               Capítulo 9
Guido se quedó inmóvil en aquella sala. Miró a su madre con una mirada enternecedora, acto seguido se dirigió hacia la puerta para seguir a su hermana, tiene que ayudarla.
-¡Daniela!-Le gritó cuando iba a cruzar la esquina de la casa.
Su hermana salió corriendo en busca de los brazos de Guido.
-Yo quiero que cenes con nosotros, quiero que volvamos a ser una familia. ¿Por qué todo es tan difícil?
-Daniela, no es culpa tuya, no te pongas así. Ven te acompañaré a casa.
-¡NO! Yo no voy a casa esta noche a dormir. Lo siento, pero no.-Le explicó muy nerviosa.
-Vale, tranquila. Si no quieres ir a dormir, vente conmigo.-Le ofreció mientras la tranquilizaba.
-¿De verdad? Gracias, muchas gracias.
Iniciaron el camino hacia la rústica cabaña de su hermano. Hacía mucho frío, demasiado. En una hora estaban cenando, algo sencillo, espaguetis con queso.
-Vendrás mañana a mi cumpleaños ¿no?-le dijo su hermano viendo como se acostaba en el sofá.
-¡Claro que sí! Por cierto, voy a llamar a las chicas para quedar con ellas.
-Vale, yo voy a recoger la mesa.
Decide llamar a Andrea, que es la que seguramente se lo cogerá.
-Hola Daniela, ¡estás desaparecida! ¿Dónde estás?
-Me he quedado a dormir en casa de mi hermano. Pero te llamo para recordarte lo del cumple de mi hermano. Vamos a ir ¿no?
-Sí, por supuesto. ¿Quedamos con las demás en la puerta de mi casa?
-¡Vale! Llama a las demás, a las ocho en tu casa. No os olvidéis.
Y sin dar tiempo a la afirmación de su amiga, colgó el teléfono.
Guido terminó de recoger la mesa y la vio profundamente dormida. Perfecta.
Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio al despertar fue una ardilla que corría por los alrededores de la casa. Le sacó una limpia sonrisa.
-Buenos días Bella Durmiente.-Bromeaba su hermano.
-Bueno días… ¿Qué hora es? ¿Es muy tarde?-Dijo preocupada.
-Las diez y media, no es tarde.-Le explicó.- ¿Quieres desayunar?
-Yo no desayuno, Guido. Estoy a dieta.
-¿Y eso? Si tú estás muy delgada. No seas tonta y desayuna.
-No, de verdad.
-Vale, no te insisto.
-¿Me llevas a casa?-Le pidió a su hermano.
-¡Claro! Pero yo entró ¿de acuerdo?
-Sí, sí. Ya nos vemos esta noche en tu cumpleaños.
-¿Cómo vais a venir? ¿En autobús?-Le dijo preocupado.
-Vamos en el coche de Sofía.
-Venga sube a la moto que nos vamos.
Por un momento Guido pensó en la frase final de aquella película: “Porque solo UNA persona te hará sentir solo UNA vez que estás a Tres Metros sobre el Cielo” Él aún no se ha sentido así.
-Nos vemos esta noche ¿vale?
Entró en su casa…Con cierto miedo por la reacción de su padre.
-¡Hola Daniela! ¿Dónde has estado está noche?- Le dijo su hermana que iba vestida con un gracioso vestido de mariquitas.
-He dormido en casa de Sofía ¿sabes?-No quería que su familia supiera que había dormido en casa de su hermano, porque la tensión en la casa aumentaría.
No había nada en casa y decidió subir a su habitación a aclarar las ideas. Aunque no hizo precisamente eso, si no que, escuchando música, se quedó dormida…

domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 8

Tras tres días estudiando para los exámenes trimestrales, hoy jueves, ha terminado por fin y el viernes llegará las vacaciones de Navidad donde ella mismo se encargará pasárselo genial.
Ahora que lo piensa… Hace un tiempo que no se habla con Carlos, pero no puede llamarlo porque no le queda saldo. ¿Estará conectado a “Tuenti”? Vamos a probar.
Mira su lista de conectados. ¡Sí! ¡Está conectado!
-¡Hola Carlos!
-Hola, ¿qué tal?
-Yo… Bien. Pero tú ¡hace días que estás desaparecido!
-Bueno… Es que he estado estudiando.
-¿Quieres que nos veamos ahora?- ¡No, no! Tiene que llamar a Guido.
-No…Daniela no me apetece ahora. Estoy un poco cansado.-Menos mal.
-Claro…No pasa nada. Adiós Besos.
-Besos Daniela.
Ahora llamará a Guido para que Claudia pueda verlo. ¿Se acordará de él?

Empiezan las llamadas...
-Hola hermanita.
-Hola Guido.-Saluda mientras apaga el ordenador.-Te llamo para decirte si estás libre… Para que veas a Claudia.
-¡Claro! ¿Quedamos en el parque?
-Vale. Voy para ya. Un abrazo.
-Otro para ti.
Daniela corre para bajar las escaleras.
-Claudia, ¿quieres que vayamos al parque?
Pensando. Pensando.
-¡Sí! ¿Nos vamos ya?
-Sí cariño. Ya.
Dieron un paseo hasta el parque donde Guido estaba sentado en un banco esperándolas.
-Claudia.-Dijo Daniela.
-¿Qué?-Contestó deseando irse a jugar.
-¿Sabes quién es ese chico de allí?
-¿Tu novio?
-No. Míralo bien.
Era… ¿su hermano?
La niña salió corriendo a abrazarlo. Sabía quién era. Y también quería que volviese con ella.
-Hola pequeña. Te he echado de menos.
Ella no contestaba. Solo lloraba.
-Pero… Claudia ¿qué te pasa?
-Quiero que te vengas conmigo. ¡VENTE CONMIGO GUIDO!
Daniela se acercaba a ver qué pasaba. Preocupada por la reacción de su hermana.
-Claudia ven. Te voy a explicar una cosa.
Ella se acercó gimiendo.
-Cuando una persona se hace mayor se va de su casa, para hacer una nueva vida, pero no por ello deja de querer a su familia. Y Guido no ha dejado de querernos.-Le decía limpiándole las manos.
-¡Pero Guido era muy pequeño! ¡Y no ha vuelto a verme!
-¿Hacemos una cosa?-Le propuso su hermano. La niña asintió.-Vete a jugar y luego hablamos.
Claudia se borró las lágrimas de la cara y aceptó. Mientras, sus hermanos mayores conversaron.
-Ahora que llega la Navidad, me gustaría que… Cenases con nosotros NocheBuena.
-Daniela… Sabes que no voy a poder. Que papá no va a querer.
-¡ME DA IGUAL GUIDO! NO TE PUEDE TENER ESE RENCOR SIEMPRE. COMETISTE UN ERROR, VALE, DE ACUERDO, ¿Y QUÉ?- La chica se levantó del banco donde estaban sentados y rompió a llorar.
-Dame un abrazo.-La niña se abrazó a su pecho, se aferró a él como si fuera su vida.-Daniela nunca dudes de que te quiero. A ti y a Claudia.
- Y ¿si hablo con papá? A lo mejor cede.
-Inténtalo. Y si te dejo hacerlo es por ti y por Claudia.
-¿La llamamos para decírselo?
-Adelante.-Daniela le pegó un grito a su hermana para que viniera.
-¿Sabes qué?
-Dime.
-¡Guido va a cenar con nosotras en NocheBuena!
-¿De… de verdad?-Sus hermanos asintieron. Y ella le dio un abrazo a Guido.
-Nosotras nos vamos a ir. Nos vemos el sábado Guido.
Volvieron a casa sin hablar demasiado. Daniela se enfrentaría a una pelea con su padre, al nombrarle a Guido.

Por lo menos cedió a hablar con ella…
-Papá… el otro día me encontré con Guido.-Su padre iba a decir algo.-Y antes de que digas nada, te quería decir si puede cenar con nosotros en NocheBuena.
-¡De ninguna manera Daniela!
-Pero ¿por qué? No le puedes tener rencor toda la vida. Te recuerdo que sigue siendo tu hijo.
-Daniela NO es NO y punto.
-Te odio ¿sabes? Te Odio. Eres un egoísta. Y te digo una cosa, si Guido no viene a cenar a casa ME VOY YO CON ÉL.
Y tras decir esto, se marchó a su habitación con lágrimas en los ojos.

Capítulo 7

Andaba sonriendo, bailando, volviendo a ser una niña. Ahora no necesitaba nada. Solo quería. Dormir. Soñar.
Llegaba a casa de Diana. Ella debió haberla visto por la ventana de su habitación porque estaba en la puerta esperando.
-¡Te voy a matar Daniela! Nos has dejado plantadas.-Le dijo moviendo las manos.
-Lo siento un montón, pero tengo escusas.-Explicó juntando las dos manos.
-Anda entra. Cuéntamelo antes de dormirnos.
-De acuerdo. Pero… ¿qué ha dicho mi madre?
-Que vale, pero que nos durmamos pronto.-Suelta un suspiro de alivio. No ha sospechado nada.
Subieron a la habitación de su amiga, donde le contó el gran reencuentro y la gran aventura que había vivido esa tarde junto con su hermano Guido.
-¿De verdad? ¿Con Guido? ¡Qué fuerte! Y… ¿Os habéis dado los teléfonos? ¿Tiene tuenti?
-Jaja. Para huracán. Sí, me lo dio. También tiene tuenti.
-¿Cuándo os vais a volver a ver?
-Pues hemos quedado en vernos esta semana.
-Me alegro un montón por ti Daniela.-La felicitó dándole un beso en la mejilla.
-Yo también. Pero ahora-dijo bostezando- vamos a dormir un poco que es bastante tarde.
Apagaron la luz de la mesita de noche de Diana. Y las dos se durmieron profundamente en sonrisas y sueños.
Corrían y corrían. Quedaban cinco minutos para que cerraran las puertas del colegio. No les había dado tiempo a desayunar.
-Diana.
-Daniela.
Las dos chicas entraron por la puerta justo cuando el profesor había dicho sus nombres.
-Llegan tarde. ¿Lo saben?
-Sí. Lo siento. Se nos ha hecho tarde.
Se sentaron. Y… Eva y Andrea no tardaron en preguntar qué pasó ayer.
-Luego os contamos locas, ahora mejor atender u hoy acabaré en dirección.-Advirtió Daniela.
Larga y larga clase de matemáticas. Pero algo desvió a toda clase de la seria explicación del profesor.
-Hola. Buenos días. Disculpen la interrupción, pero busco a la señorita Daniela.
Tímida ella levantó la mano.
-Soy yo.
-Le envían esta invitación.
Se levantó y con un simple “gracias” cogió la invitación y se dirigió de nuevo a su sitio.

“Hola pequeña, me lo pasé genial a noche y ya te echo de menos. Por eso te escribo esto: El sábado que viene es mi cumpleaños. Me encantaría que vinieras. Trae a tus amigas si quieres hermanita. Es en la casa de mi amigo Daniel. Ya te enterarás donde está. Besos tu hermano mayor”
Suena el timbre de cambio de clase.
-Chicas, mi hermano nos invita a su cumpleaños el sábado que viene.
-¡Qué fuerte!-Dijo Diana afanándose.
Una hora más. Y otra. Recreo. Una más. Otra más.
¡Campana de la liberación!
Sus amigas se quedaban en la biblioteca, pero ella se encaminaba sola hacia su casa.

-¿Tú eres Daniela?- Dijo un chico que no le sonaba de nada.
-Sí, soy yo. Pero…No te ofendas pero no sé quién eres.
El chico soltó una gran carcajada, era normal que la chica no supiera quién era él.
-Soy un amigo de tu hermano, Javier. Me ha pedido que venga a por ti para llevarte a un sitio.
-Pues…Claro. ¿Está muy lejos?
-¡No! En quince minutos estamos allí.
-De acuerdo.
Montaron en un coche. Un “Seat”. Y efectivamente en un cuarto de hora estaban allí.
-¡Qué casa más bonita!
-Tu hermano te está esperando allí.
La chica le sonrió a Javier y corrió a abrazarlo.
-Hola Guido.
-¿Te he metido en un aprieto al recibir la invitación?-Le dice dándole un beso.
-Un poquito. Pero ¡me ha encantado Guido!
-Esta es la casa de Daniel. Así podréis venir andando tus amigas y tú.
-¡De acuerdo!


Capítulo 6

Capítulo 6
¿Era ella? ¿Daniela? ¿Qué decir? ¿Qué hacer? Tenía ganas de irse a su hogar.

Pues… Sí es Guido. Quiere abrazarlo y preguntarle el por qué. Porqué no volvió a llamarla.

“Está guapísima, aún la recuerdo cuando tenía catorce años, tan niña, tan princesa, y ahora es prácticamente mayor de edad”
-Tío, pero ¿a quién miras?- Le pregunta un amigo suyo dándole un puñetazo en el hombro.
-Pero Pablo, ¿cómo no te das cuenta?- dijo burlón otro de sus amigos.-Mira a las niñas de allí.-Le aclaró señalándolas- Pero Guido, ¿no son un poco pequeñas?
-Tío, cállate, la de la derecha es mi hermana ¿vale?
Sin dejar que sus compañeros contestasen se dirigió hacia su hermana pequeña andando.

“Demasiadas casualidades en un día, el recuerdo de cuando se fue de mi casa, el signo del zodíaco, esto”  Tiene ganas de gritar, correr, llorar.
-Daniela, voy a por un batido al bar de allí, ¿me esperas?
-Sí, aquí te espero.
Levantó, la mirada y lo vio acercarse. ¿La habría reconocido?
-Hola Daniela.-En frente de ella se posó Guido. Un chico que por supuesto quiere mucho.
Lo abrazó con todas sus fuerzas, y él le respondió el abrazo.
-Te quiero, te quiero mucho Guido, yo… Te he necesitado mucho. Yo…
-Yo también Daniela, no he sabido manejar lo suficiente mi vida como esperaba, no pude llamarte porque, supongo que papá, me restringió las llamadas y no pude. Luego al comprarme otro móvil se me borró el tuyo.
-Da igual, eso ahora me da igual, por fin podrás volver a casa y…
-No Daniela, yo no voy a volver a casa, es más he encontrado un sitio fabuloso dónde vivir. Ven, voy a enseñártelo.
Daniela sacó el móvil del bolsillo para mirar la hora.
-Es que… Mañana tengo clase y…
-Anda no seas así, si te va a encantar.
-Está bien. Vamos.
Sin acordarse de sus amigas se fue con su hermano. SU hermano. Llegaron a un callejón donde había una moto.
-¿Es tuya?-Preguntó a su hermano acercándose al vehículo.
-Sí. ¿Te gusta?-Dijo tocándole el pelo a su hermana pequeña.
-Claro, es preciosa, pero ¿cómo la has conseguido?-Volviéndose hacia él le dio un beso en la mejilla.
-Pequeña tengo mis contactos. Anda sube.-La invitó a subir dándole un casco.


Llegaron a las afueras de la ciudad. Su hermano cogió un sendero en el cual había muchas piedras y era muy difícil conducir. Pero al final Daniela vio a lo lejos un gran lago con una cabaña al lado.

-¿Vives aquí? Es… Es un pasada. Qué divertido y qué bonito.-Le dijo acercándose al lago.
-A mí también me encanta. Ven te voy a enseñar la cabaña.
-Pero… ¿No es de nadie?- Entró en la cabaña maravillada.
-No viene nadie desde hace tres años. Así que por ahora vivo aquí.
Eran dos habitaciones. Con un salón cocina. En una de las habitaciones iba acompañada de un aseo.
-Te propongo una cosa.-Le ofreció su hermano.
-¿Qué?
-¿Quieres darte un baño en el lago?
-Pero… ¿No hace frío?
-Princesa, claro que sí. Era un reto.
-Jaja. Te Quiero mucho.
-Vente aquí conmigo Daniela.-¿QUÉ DICE SU HERMANO?
-Guido… No puedo dejar sola a Claudia. Ella tiene ahora mismo ciertos problemas en el colegio y yo la entiendo mejor que nadie.
-Queda un día conmigo. Quiero verla. También a ella la he echado de menos.
-Dame tu número y algún día que tenga libre te llamo ¿vale?
-De acuerdo.
Se lo dan intercambiándose los teléfonos.
-¿Tienes “Tuenti” Guido?
-Sí me llamo: Guido Cucki.
-Jaja. Vale luego me conectaré.
Salieron de aquella preciosa cabaña y volvieron al parque.
Se despiden y Daniela coge el teléfono y llama a Diana.
-Diana… Soy Daniela ¿me puedo quedar a dormir a tu casa?
-Sí, claro pero… ¿qué te ha pasado?
-Algo increíble, ahora te cuento. Hazme un favor, llama a mi madre y dile que no voy a dormir a casa.
Cuelga.
Guido. Guido. Guido. Guido. Lo quiere. Sabe que lo quiere. Quiere volverlo a ver.

Capítulo 5

Capítulo 5
Ella volvía de clase, leyendo un libro: “Una noche encantada”, sus compañeros de clase le daban un doble sentido al título, pero ella pensaban que eran un poco tontos pensando que una chica como lo era Daniela pudiera leer un libro de ese tipo.
Casi sin darse cuenta había llegado a su casa. Cuando se involucraba de tal manera en la lectura el tiempo se le pasaba volando.
Metió la llave en la cerradura y entró.
¡Qué ganas tenía de tumbarse en el sofá! Pero lo primero que vio fue a su hermana pequeña Claudia que se abalanzaba sobre ella llorando desconsoladamente.
-Claudia, Claudia, pero… ¿Qué te pasa? ¿Qué te ha pasado?- Le dijo desesperadamente, abrazándola con fuerza.
-Es que… es que…-dijo gimiendo- papá y mamá se están peleando en el salón con Guido.
-¿Con Guido? Pero… ¿por qué?-Su hermana no le podía contestar, estaba demasiado histérica. Se acercó al salón…
-¡Papá, no quiero estudiar medicina!
-¿Entonces? ¿Qué quieres hacer? Si no empiezas a estudiar ahora ¿cuándo lo harás?
-Yo quiero ser poeta, no quiero ser médico, no me gusta.
-¡JÁ! ¿Poeta? ¿Quién te crees que eres? ¿García Lorca? ¡Por favor Guido!
-Papá no voy hacer lo que TÚ me digas.
Silencio.
-Papá, no voy a dejar que me dirijas. Me voy ¿vale? Me voy.
-¿Y a dónde piensas ir?-Se burló su padre.
Sin decir nada Guido, salió del salón y subió a su habitación. A los veinte minutos, bajó con una maleta en la mano.
Vio a Daniela y a Claudia. La pequeña aún lloraba.
Guido le pidió a Daniela que se acercara.
-Me voy Daniela. Adiós.
-Lo he oído Guido. Pero… ¿a dónde piensas ir? Guido por favor, no te vayas. Te Quiero.
-Hermanita, no puedo dejar que papá me controle así. Debo iniciar una nueva vida. Yo también te quiero mucho Daniela.
Ella rompió a llorar y lo abrazó.
-Adiós Guido… Ten cuidado.
Guido vio a Claudia, en el sofá observándolos, sin entender muy bien qué pasaba.
-Adiós pequeña, Te Quiero mucho.
-¿Dónde vas Guido? ¿Vuelves mañana verdad?
No sabía qué contestar.
-Claro princesa. Mañana nos vemos.
Salió por la puerta sin volver a mirar a Daniela.

Caía una lágrima por su mejilla, después de recordar el día en que se fue su hermano. Hace tres años. Lo quería tanto. Y no ha vuelto a saber nada de él.
Suena su móvil.
-¡Hola Andrea!-Dijo Daniela animada.
-Hola Daniela… Te llamaba para decirte que a las ocho y media hemos quedados Diana, Eva y yo para ir al parque. ¿Te vienes?
Piensa. Un domingo, al día siguiente hay clase. Pero porque salga un rato no pasa nada.
-¡Claro! Voy a prepararme y en una hora nos vemos en la puerta del colegio ¿vale?
-OK.  Adiós. Guapa.
-Adiós niña.
Las dos chicas cuelgan.
Tocan a la puerta. Y entra su hermana con una revista en la mano.
-Daniela, ¡mira, mira!-Sonriente, quiere enseñarle algo.
-¿Qué pasa cariño?
-Mira este signo del zodíaco, Escorpio, ¿no era el de Guido?
Casi pierde el conocimiento. ¡Su hermana pequeña, diciendo eso! Pero, pero, no lo comprende.
-Sí… sí. Llevas razón.
Sonríe.
-¿Vas a salir?
-Un ratito, con mis amigas. Pero en seguida vuelvo.
-Vale, ¡adiós!- Con un beso en la mejilla sale de la habitación.
No se va a arreglar mucho. Unos vaqueros y una camiseta azul. Bien ¿no?
Baja al salón y ve a su padre dispuesto a salir.
-Papá ¿te vas?- le preguntó Daniela entrando en la cocina.
-Sí cariño, tengo una reunión en el instituto y me tengo que ir.
-Pero… ¿vas a volver?-Claudia asustada de que no volviera le dio un abrazo.
-¡Claro que sí Claudia! Antes de que te vayas a dormir estoy aquí para darte un beso.
-¡Vale! ¡Adiós!
-¿Tú vas a salir Daniela?- Se interesó su madre.
-Sí, he quedado en el parque con mis amigas.-Sin olvidarse de nada…-Y volveré pronto porque mañana hay clase, no te preocupes mamá.
Antes de que empezara…
-Llevo el móvil, si me necesitas llámame.
Y sin dejar que su madre dijera nada salió por la puerta y se encaminó hacia el lugar de encuentro con sus amigas.
-¡Hola Eva!-Gritaba Daniela desde una esquina de la calle.
-¡Hola Daniela!-Contestó la otra  chica con el mismo tono de voz.
Corrieron y corrieron hasta encontrarse.
-¿Dónde están Diana y Andrea?-Preguntó nuestra protagonista al ver que las demás “locas” no habían llegado.
-Me ha llamado Andrea cuando venía de camino y me ha dicho que nos esperan en el parque.
-¡Qué morro tienen estas!-Admitió Daniela.
Sin más dilación se fueron hacia el parque.
Comentando el examen del martes que no había estudiado ni un poquito.

El camino hasta el parque se les hizo corto, pero cuando llegaron, Daniela no daba crédito a lo que veían sus ojos.
¿Era él? ¿Aquel chico que prometió que la llamaría y nunca lo hizo? Era él. Guido. Su hermano que hace tres años desapareció de sus vidas.

Capítulo 4

Sentada en esa roca, en la que tantas y tantas veces jugó cuando tenía unos años menos. Está pensativa, ausente, intentando olvidar aquellos ojos azules, aquel pelo rubio y aquella tarjetita que llevaba con un clip en la camiseta en la que ponía Pablo. ¿Sería ese su nombre? Pablo. El nombre del protagonista del último libro que se leyó: “Un amor sin cariño” Un libro sobre el noviazgo de dos personas solo para poder intentar ser populares en su instituto.
Los párpados le pesan. No le hacen el favor de quedarse despiertos un rato más. El tiempo que tardaría en llegar a su casa. Cae en el césped del parque, aquella tarde de sábado que será demasiado especial para una chica de diecisiete años.
Cuando despierta, no está en el áspero césped de aquel parque. El parque “15 de Marzo” En él ha vivido momentos buenos y malos. Aunque poco a poco el vínculo que había con ese parque y ella se ha ido distanciando por culpa de la edad, de la niñez a la adolescencia. Daniela siente cierta nostalgia.
Tocan a la puerta. Su madre.
-Hola cariño ¿estás bien? ¡Menudo susto nos hemos llevado cuando Carlos te ha traído dormida!
¿Carlos? ¿Cómo la ha encontrado? ¿Cómo habrá intuido que estaba allí? Lo que no le pase a ella no le pasa nadie.
-¿Carlos me ha traído?-Espera que su madre le dé una buena razón.
-Sí, dice que estaba dando un paseo con su perro y te vio tirada durmiendo.
-Es que estaba allí dando una vuelta, recordando todos los buenos momentos que han transcurrido en ese lugar y me senté en una roca, bueno y… me dormí.
-Pues ¡menos mal que solo ha sido eso, menudo susto!- Responde su madre abrazándola.
-Lo siento mamá, no pasará más.-Se disculpa.
Su madre le sonríe amablemente y sale de la habitación.
Coge su móvil para ver las llamadas perdidas en las últimas horas. Raramente no tiene ninguna. Dirige su mirada al reloj de su móvil. ¡LAS NUEVE! ¡MADRE MÍA LAS NUEVE! ¡Tiene que llamar a Carlos, arreglarse, vestirse, maquillarse! ¡Va a llegar tarde a la fiesta de Diana!
El chico se adelanta, menos mal.
-Hola Daniela, ¿estás mejor?
-Carlos sí estoy genial, pero ahora tengo que vestirme.-Unos segundos de silencio.-¿Tú vas?
-Sí, claro. ¿A qué hora paso a por ti?
Daniela piensa unos instantes.
-A las diez, llegaremos un poco tarde pero no creo que a Diana le importe.
-De acuerdo. Adiós un beso Daniela.
-Otro para ti Carlos.
Los dos chicos cuelgan a la vez. Daniela comienza a recordar algo. Una confusión inunda su cabeza… Pero no sabe bien qué es. Solo que…
Eligiendo la ropa. Un vestido azul palabra de honor que le llega casi a los tobillos. Unos zapatos (azules también) con un poquito de tacón. En el cuarto de baño se alisa el pelo, jugando con algunos mechones. Los labios se los pinta de un color rosa claro. No quiere llamar mucho la atención, así estará bien.
En un bolso pequeño mete su móvil y el monedero.
Tocan al timbre, debe de ser Carlos.
Antes de salir y abrir la puerta grita un:  “ Mamá, papá, me voy adiós”.
-Hola.- Se saludan con dos besos.
Carlos tarda en contestar, ¡va preciosa! Parece una diosa; ese vestido le sienta genial y el color de labios que lleva la hacen muy discreta, moderna y a la vez elegante.
-Hola, creo que llegaremos un poco tarde.-Dice Carlos mirando el reloj.
-Sí, eso pienso yo también, pero no creo que a Diana le importe. Cuando lleguemos se lo estará pasando también con esos “chicos” que supuestamente iban a ir que no creo que se dé cuenta de nuestra ausencia.-Bromea ella.
Se encaminan hacia su casa. Diana tiene suerte. Sus padres son un matrimonio ocupado, tienen que viajar mucho para realizar bien su trabajo, por lo tanto Diana tiene mucha libertad para hacer lo que quiere. A veces (y solo a veces) le gustaría ser ella. Pensándolo bien tiene una vida perfecta, una vida que en la mayoría de las ocasiones controla ella, solo ella, nadie le dice que hacer. Le tiene algo de envidia.
Llegan.
¡Guau! La fiesta mola un montón. Tiene unas ganas tremendas de entrar y pasárselo genial.
-¡Hola chicos! Pensé que no venías, me alegra veros.-Diana los saluda.
Carlos la mira, va más guapa de lo habitual. ¡Pero qué dice! A él le gusta ella y punto.
Las horas pasan. Y poco a poco Daniela se aleja de  la fiesta, para de bailar y de reír. Va a beber un poco de agua, pero su amiga no va a dejar que pierda el ritmo de esta noche increíble.
-Venga Daniela ven, van a poner nuestra canción.-Le grita a Daniela.
Ella va corriendo y como dos locas se ponen a bailar exageradamente. Riendo. La canción termina. Y alguien le toca el hombro a Daniela… Lo ve. No sabe qué decir. Él la coge de la mano y se la lleva a bailar la canción lenta de Demi Lovato que acaba de empezar.
No hablan, solo se miran y sonríen… Esa sonrisa, aunque Daniela no lo sabe, será suya por siempre.

Capítulo 3

                                                                 Capítulo 3
Solo quedaban unas horas para el amanecer y ella no había pegado ojo. Daba vueltas en la cama, enterraba la cabeza en la almohada y cuando necesitaba el aire la volvía a sacar. Mira la hora una vez.  Las Seis y media. No tiene sentido abrir el MSN porque no habrá nadie con quien compartir sus penas. Lo que le pasa ahora mismo es algo extraño que no ha sentido nunca. Recuerda la conversación de ayer con una de sus amigas.
-¿Vas a salir el sábado?-Diana intentado organizar una fiesta con todas sus amigas.
-Pues… No lo sé.-Diana la mira con cara de sorpresa. Le parece ¡tan extraño que su amiga no salgo un sábado!
-¿Cómo que no lo sabes? ¿No vas a venir a la fiesta?
-Es que los exámenes están ahí y no me sé nada, debería dedicarlo todo a estudiar.
-Pues sales el sábado y el domingo lo dedicas a estudiar.
Daniela resopla. La verdad es que le apetece mucho ir.
-¡Venga por favor! Si van a venir chicos.
-Diana.
-¿Qué?
-Que a mí lo de los chicos me da igual.
Hay unos segundos incómodos de silencio, pero al final Daniela cede y acepta.

Ahora, arrepentida de haber dicho que sí, lleva toda la noche dándole vueltas al tema, pero sobre a una frase: “¡Venga por favor que van a venir chicos!” Es verdad que Diana ha tenido bastantes novios, pero ella es así. Una chica decidida y muy atrevida. Aunque si lo piensa bien ella tiene diecisiete años y no ha tenido ninguno. ¿Es normal?
Vuelve a mirar la hora.  Las Siete.
Cierra los ojos. Nada, que no hay forma.
Pone la mano encima de su mesita de noche y toca algo. Ah, es el libro de su madre. ¿Lee? ¿Por qué no?
Como suponía el libro no le gusta. Es demasiado infantil. A ella le gustan las cosas un poco más románticas.
Otra vez su mirada se dirige al reloj de pared. ¿Las Ocho? ¿Ya? No quiere levantarse todavía, pero sí que puede coger el portátil y meterse en el MSN, quizá alguien esté conectado.
Pone su contraseña. Se carga.  Ya. No hay nadie conectado como esperaba, pero en su bandeja de correos electrónicos ve que tiene cinco, lo cual le resulta extraño porque la noche anterior los había borrado todos.
Los cuatro primeros es publicidad y el último es uno de aquellos correos que dicen: “Si quieres encontrar el amor mandan esto a todos tus contactos” ella nunca lo suele hacer porque siempre le ha parecido una gran tontería, pero esta vez decide mandarlo a diez de ellos.
Una lucecita naranja se abre en la barra de herramientas del ordenador de Daniela. ¡Es Carlos!
-Hola ¿madrugando?-pregunta.
-Sí. Hoy no he dormido mucho- le responde con una carita sonriente- Una pregunta.
-Dime Daniela.
-¿Tú vas esta noche a la fiesta de Diana?- Si Carlos no va es muy posible que ella tampoco.
-Sí, me lo dijo ayer y como ya sabes cómo es pues no me pude negar. Tú supongo que sí ¿no?
-Pues me lo estoy pensando.
-¿Por? ¿Has quedado con alguien?
-No. Solo es que me gustaría estudiar esta tarde. Pero si tú vas yo también.
Siguen hablando, conversando y riendo, hasta que a Daniela se acuerda de la pregunta que quería hacerle a Carlos.
-¿Tú envías lo correos que dicen: “Manda esto a diez personas y encontrarás el amor verdadero”?
-Claro que no Daniela, eso son puras trolas.
-Claro…
-¿No me digas que tú si lo haces?
-No, claro que no. Pero hoy sí lo he hecho.
-Y si nunca lo haces ¿hoy por qué sí?- Carlos está confundido, no entiende la respuesta de su amiga.
Daniela le cuenta a Carlos el motivo de porque no ha dormido y de porque ha mandado el mensaje. Carlos desde su ordenador lee asombrado las palabras de su amiga.
-Pero Daniela… ¿Cómo puedes ser tan tonta? Cuando tenga llegar ese chico llegará, no tengas prisa.
-Ya lo sé Carlos. Pero todas mis amigas han tenido ya novio. ¡Y YO NO!
-¿Y? Da igual. Tú no tienes por qué ser como tus amigas.
Tras un tiempo discutiendo Carlos pone fin a la discusión.
-Daniela ¿quedamos en un rato para dar un paseo?- Una buena propuesta.
-¡Claro!-Mira la hora, las diez- ¿A las doce?
-Vale.
-Guay, voy a ducharme… Adiós Besos.
Apaga el portátil.  Y lo deja sobre la mesita de noche.
Suena What Makes your Beautiful de One Direction, la traducción en castellano sería ¿Qué te hace bella? Descuelga el teléfono.
-¿Quién es?
-¡Hola Daniela! Soy yo Diana te llamaba para…
-Saber si voy a ir a tu fiesta- adivina e interrumpe a la chica.
-Sí, eso-Responde un poquito molesta Diana.
-Pues seguramente sí que voy a ir.
Un grito se oye. Diana está demasiado feliz.
-Gracias Daniela, te quiero, adiós.-Y cuelga sin que le dé tiempo a la otra chica a despedirse.
Esta chica siempre tan alocada. Seguramente se arrepentirá de ir a esta fiesta.
Elige de ropa una camiseta azul oscuro de manga corta (ya que hace buen día) y una mini falda con medias, de calzado escogerá unas “sabrinas”.

Entra en el cuarto de baño y observa que está ocupado. Su padre se está duchando. Tendrá que esperar. Ahora recuerda que ayer cuando regresó, su hermana estaba enferma. ¿Cómo estará? Debe ir a verla.
Toca a la puerta y entra, ahí está con las mejillas sonrosadas y sonriéndole.
-¿Cómo estás princesa?-le dice dándole un beso en la frente y susurrándole los buenos días.
-Creo que mejor, porque tengo menos fiebre y el dolor de cabeza ya no es tan fuerte- responde dando votes en la cama.
-Me alegro mucho ¿sabes?
Claudia sonríe. Siempre ha sido una niña muy alegre, pero cuando se encapricha con algo es mejor no llevarle la contraria.
-¿Te vas?- Daniela no comprende la pregunta de su hermana.
-¿Cómo que si me voy?

-Es que como llevas ropa en la mano.-Le aclara acariciando la tela de la camiseta que se va a poner su hermana.
-¡Oh! Sí he quedado con Carlos en un rato.
-Con tu novio ¿no?
¡Madre mía! Claudia siempre con la misma historia.
-Claudia, ¡me faltan dedos para contar la cantidad de veces que te he dicho que no tengo novio!- A veces su hermana llega a ser muy pesada.
-Lo siento Daniela,-Se disculpa, pero no se cansa-es que me parece raro que una chica como tú no tenga novio.
Daniela ríe y da un abrazo a su inocente hermana. Se despiden.
Se ducha. Se viste. Se seca el pelo. Y como otras muchas veces ha hecho en el día mira la hora en el reloj de su móvil. Las Doce. Debe salir corriendo.
Baja las escaleras y le da un beso a su madre y otro a su padre.
Por el camino se acuerda de una canción: “Esta soy yo” de “El sueño de Morfeo”. Una chica que transmite el mensaje que ella admira: “Yo soy como soy y si no te gusta no mires”.
Entra en la plaza donde había quedado con Carlos, mira a su alrededor y lo ve. Se acerca.
-Hola, ¿qué tal?
-Un poco preocupada por lo de esta mañana.
-Pero Daniela deja tiempo al tiempo.-La intenta consolar su amiga.
Ella gime un poco.
-Anda vamos, quiero llevarte a un sitio.
¡Sorpresa, sorpresa!
-¿A dónde?- Pregunta curiosa.
-Voy a invitarte a comer a un restaurante nuevo que han puesto al lado del parque “15 de Marzo”.
-¡Qué bien! Pero antes tengo que llamar a mi madre, para avisar que no voy a comer.
Daniela saca su móvil del bolso y busca el número de su madre.
-Mamá hoy voy a comer con Carlos, así que no me esperéis, adiós un beso.
-Ha saltado el contestador, por lo tanto le he dejado un mensaje de voz.
Carlos asiente. Caminan durante un rato riendo, hablando y gastando bromas.
Llegan. El chico deja pasar primero a su amiga. Se sientan en un sitio cerca de la ventana.
Daniela lo ve… Se le encoge el pecho. Pierde la noción de la realidad

Capítulo 2

Hay cosas que pasan porque sí, sin un motivo ni un por qué, aunque si lo piensas con decisión a todos nosotros nos gustaría saber el porqué de las cosas. ¿Por qué nos suceden desgracias? ¿Por qué nos suceden cosas agradables? Por ejemplo, ¿por qué me paso aquello?
Abro los ojos por la luz que traspasa mi ventana, me cuesta abrirlos. Me duelen. Los tengo hinchados y me quema mucho la garganta. Necesito agua fría y descubrir que me ocurre en los ojos. Al lado de la cama en mi mesita de noche siempre tengo un vaso de agua, que lo uso para aclararme la garganta y al parecer los ojos mejoran, ya los puedo abrir mejor y ver con claridad la hora. Debo darme prisa porque me queda una hora, antes de que empiecen las clases. Antes de desayunar, me ducho y me visto. Me pongo un chándal color rojo claro y unas zapatillas de deportes
Bajando las escaleras me acuerdo del dolor de espalda y me doy cuenta de que el golpe no me ha dejado secuelas, porque la verdad no encuentro ningún tipo de dolor.
-Hola Daniela, ¿vas a desayunar?-Mi madre con la misma prisa de siempre para que no llegue tarde.
-Pues… La verdad mamá es que no tengo hambre, lo mismo me cojo algo en la cafetería si me da hambre ¿vale?
-El desayuno es la comida más importante del día, si no la tomas puedes pasar una mala mañana-me recuerda mi hermana Claudia. Ella siempre se toma un gran desayuno.
-Llevas razón, pero ayer cuando subí a mi cuarto vomité.-Le digo echándole una pequeña mentira.
Al parecer no se molesta en contestar y sigue mordisqueando su tostada con aceite.
Salgo con mi mochila. Admiro el buen día que hace. Las nubes que corren veloces con el viento, parecen caballos que trotan al viento, como queriendo llegar al horizonte igual que yo en mi sueño. También observo las hojas de los árboles. Se mueven a izquierda y derecha como queriendo huir de las ramas y volar libres a donde ellas quieran.
Entro en el instituto. Lo busco con la mirada, pero realmente creo que no ha llegado. Noto que unas manos me tocan los ojos. Son unas manos masculinas, lo noto y lo sé, oigo una voz que me dice: “¿Quién soy?” Intento adivinar.
-Déjame pensar-digo haciéndome la interesante. Porque obviamente sí que sé quien- ¿Carlos?
-Muy bien Daniela, si tuviera un caramelo te lo daría-dice bromeando.
-Vale de acuerdo. Si alguna vez me lo das, dámelo de limón.
-Como quieras.-Corta el tema-¿Has estudiado sociales?
-Pues sí. Algo.-Le digo desviándome del tema. O eso intento.
-¿Sabes que este examen es muy importante?-Me advierte.
-Claro que lo sé. Pero no pude estudiar ¿vale?
-¿Por? ¿Qué te pasó?
Le cuento la gran aventura que me pasó ayer por la tarde. La caída. El libro.
-¿Libro? ¿Qué libro?- Carlos está más interesado en la lectura que yo. Saco el libro de la mochila y me lo quita de un tirón.
-Nepalís…-Lo observa pensativo-No lo conozco. Ni a la autora.
-Normal. Es de cuando mi madre era pequeña. ¡Tiene más de 30 años!-Le aclaro.
Hago el examen bastante mejor de lo que pensaba. Un 7´5. Está muy bien. Yo pensaba que suspendería, claro que no es comparación con el 10 de Carlos. El día transcurre con normalidad, no pasa nada importante. Lo único es que entre las páginas del libro que cogí de la biblioteca de mi casa, encuentro una nota de cuando mi madre era joven, que dice:

“Eres una vela. Algo impredecible.
Se enciende y se apaga cuando quiere.
Fdo: La persona que más te quiere en el mundo.”
Tengo sospechosos de quién ha podido escribir el poema.
Al salir del instituto voy pensativa. No en la nota. Si no, en si debo volver a casa o ir a dar una vuelta. No tengo deberes. No me apetece estudiar. Lo único que me apetece hacer es algo diferente. No sé qué. Pero después de darles vueltas un rato. Decido ir al parque. ¿Al parque? Me digo. Sí, al parque. Quiero volver a la infancia, a mi edad de siete años durante unos minutos cortos. Llego y dejo la mochila en un banco y pienso en que subirme, en el tobogán, en el columpio… Opto por los columpios. Me monto y empiezo a impulsarme fuertemente. Siento el viento que me hace un pequeño masaje en la cara y digo en voz alta, pero no lo suficiente como para que alguien me oiga: “Si cuando estoy con los ánimos por los suelos pudiera subirme aquí y salir volando hacia otro mundo, como por ejemplo al arco iris de mi sueño, todo sería mejor”                                                                                                                                    Unas manos me tocan la espalda y me impulsa a mayor velocidad. Supongo que será Carlos, pero voy por muy mal camino.
Es mi padre.
-¿Has vuelto a tener siete años no?-Pregunta dándome un fuerte abrazo.
-Ya me gustaría volver a tener siete años, para venir a montarme todos los días al columpio- le digo respondiéndole al abrazo con un beso en la mejilla.
Damos un largo paseo de camino a casa. La idea de ir sola a dar una vuelta se ha cancelado por ahora. Mañana es sábado, así que quedaré con Carlos para ir a dar un paseo.
-¿Qué tal el “insti”?- Lo miro de manera rara.-Es así como lo llamáis los adolescentes de ahora ¿no?
Suelto una fuerte carcajada.
-Sí, así es papá. Me ha ido bien. He sacado un siete y medio en sociales y el profesor de Lengua me ha felicitado por el resumen del libro que hice la semana pasada.
-Me alegro. Claudia ha salido del colegio con mucha fiebre. Está en la cama. Con una toalla fría en la frente.-Dice muy preocupado.
-Pobrecita. Esta mañana antes de irme la he visto con mala cara.-Le digo para poder consolarlo un poco.-¿Cuánta fiebre tiene exactamente?
-Treinta y ocho y medio.
-Me acuerdo cuando yo era muy pequeña y me tomé aquel bote de jarabe. Dormí durante tantas, tantas horas.
-Yo me asusté un montón-Me dice riendo.

Continuamos con el paseo hasta mi casa.
Cuando llegamos a casa le doy un besazo a mi madre y subo corriendo a ver a Claudia. Toco con suavidad a la puerta como a ella le gusta. Y espero a que me diga “adelante”. Así es, efectivamente me dice con un hilo de voz esa palabra.
-¿Cómo estás ratita?-Le pregunto sentándome en el filo de su cama.
-No muy bien. Me duele la cabeza y tengo fiebre.
-Ya me lo ha contado papá. ¿Pero no estás mejor?-le pregunto llevando mi mano a su frente.
-No lo sé. ¿Me vuelves a poner el termómetro?-Me pregunta cogiendo el termómetro de la mesita de noche.
-Sí, claro.
Mientras esperamos a que suene le acaricio la mano. Tiene la misma fiebre que me ha dicho mi padre.
-¿Te acuestas conmigo?-me dice volviendo a colocar el termómetro en su sitio.
-Claro que sí guapa.
Me acuesto en la cama con Claudia. Ella se acurruca en mi pecho y las dos nos quedamos dormidas abrazada la una a la otra.

Capítulo 1

Corro por las calles heladas del pueblo donde me crié, rápido, muy rápido. Intento correr un poco más veloz. Deseo fallido. Lo único que consigo con acelerar es empezar a jadear, lo que me hace ir mucho más despacio. Cuando estoy dispuesta a seguir para llegar a mi destino, resbalo con un charco congelado. Caigo al suelo dándome un fuerte golpe en la espalda.
Me adentro en un sueño profundo en el cual, en vez de caerme sigo corriendo más rápido de lo que iba y llego al horizonte, donde encuentro una puerta enorme que  me lleva a un arco iris de todos los colores. Tengo mucha curiosidad por tocar mi color favorito, el amarillo, al tocarlo ese color se convierte en un collar de perlas, de ese mismo color pero más clarito. Decido ponérmelo y…
Me despierto en el mismo sitio en el que estaba, soy un ser insignificante, nadie se ha preocupado ni de ayudarme a levantarme. Aunque pensándolo bien, ¿quién se iba a preocupar de una niña de diecisiete años que ni siquiera tiene la suficiente fuerza como para correr más de quinientos metros? Quizá alguien haya podido verme tirada e indefensa  y pensar que estaba muerta y aunque hubiera sido así nadie hubiera tenido la poca piedad de levantarme y llevarme al único hospital que hay en la ciudad. Decido levantarme para ver de qué  escala son los daños que he sufrido. Me cuesta mover la espalda, es más tengo un dolor insoportable. Me levanto muy despacio para no dañarme más. Ando lento. Mucho.
Tardo en llegar a casa debido a las pausas que he hecho durante todo el camino. No hay nadie. No está ni mi hermana pequeña Claudia. Supongo que habrá ido con mis  padres  a dar un pequeño paseo por la zona. Entro en la cocina y  bebo un gran vaso de agua, acto seguido subo a mi habitación y me acuesto en la cama para intentar dormirme. Intento imposible.
Como “Plan B” cojo el libro de Lengua Castellana y repaso los ejercicios mandados para mañana. Sin éxito ninguno. Pruebo a dar vueltas interminables en la cama, una y otra vez. Tengo un gran dolor en la espalda, no puedo hacer movimientos bruscos. Me levanto y voy a una habitación de la casa, en la que no suelo entrar, ya que no me llama la atención, pero hoy la veo entre abierta y decido entrar. En esa habitación, siempre hemos guardado libros y un ordenador. Paso por las estanterías acariciando los tomos de los libros con el dedo meñique y veo uno que hace que me pique la curiosidad, se llama: Nepalís. Al parecer es de cuando mi madre tendría mi edad. Subo a mi cuarto y comienzo a leer… Interesante.
El libro trata de una niña llamada Silvia, la cual vive con su familia en el bosque. Es la mayor de cuatro hermanos. Su padre ha fallecido. De un día para otro, esta niña de doce años se convierte en el cabeza de familia. Tiene que aprender a cazar. Buscar una fuente de agua. El libro realmente me gusta.                                                                                                                                  Me imagino a mí, trasladándome al bosque por problemas económicos, mi padre, la persona que más quiero en el mundo, muriese al poco tiempo y tener detrás de mí a cuatro hermanos pequeños. No lo soportaría. Lo más seguro es que cometiese un disparate, para evitar tener que hacer todo eso.
Miro la hora. Es tarde. Bajo las escaleras creyendo que no hay nadie en mi casa, pero están todos abajo. Mi  madre haciendo la cena. Mi   hermana jugando en la alfombra con sus muñecos y mi  padre leyendo un libro, llamado “El Asedio”.
Mi padre. Con él he pasado los mejores momentos de mi vida. He dormido con él hasta bien mayor, y todas esas noches me contaba un cuento. Y la mayoría eran repetidos, pero a mí me  gustaban de todas maneras. Pero lo que más admiro de mi  papá es  su pasión  por  leer. Los libros han sido sus mejores amigos. Sus compañeros. Nunca lo han abandonado. La verdad es que en mi opinión, los libros son amigos que cuando le cuentan cosas jamás las dirán. Por eso yo, también ha tenido una gran pasión por la lectura.

-Hola Daniela, no sabíamos que estabas aquí, estaba preocupada.
-Hola pequeña. Si te digo la verdad llevo aquí más de dos horas.
-¿Y qué has hecho en todo este tiempo?-Interviene mi  padre en la conversación.
-Estaba leyendo un libro que he cogido de “la habitación de los libros”-digo, sabiendo su respuesta.
-¿Sí? ¿Cuál es?- Es la contestación que  esperaba, pero no la realiza mi padre, si no mi madre.
-Sí. Se llama Nepalís.   
-¡Oh! Ese libro es de cuando yo era pequeña, ¿te gusta?- Se ha notado que ese libro le trae muy buenos recuerdos de la infancia porque se ha emocionado.
-Sí. Está bien- digo con la intención de sentarse en el sofá.
-Daniela, ¿puedes poner la mesa por favor?- Misión sentarse en el sofá, fallida.
Cenamos con un silencio que no tiene por qué. Solo se rompe al mover los cubiertos o los platos.
-¿Qué tal en el instituto?-pregunta mi madre sirviéndose ensalada.
-Bien. Normal. ¿Por?-pregunto curiosa.
-Por nada.
Termino de cenar y subo a mi habitación sin decir nada. Me pongo el pijama y cuando estoy a punto de acostarme, tocan a la puerta. Es Claudia.
-¿Por qué te has ido sin decir nada?-Pregunta triste.
-Tengo mucho sueño cariño, no te preocupes.
-Pero ya me podrías decir buenas noches ¿no?
-Llevas razón. Perdóname ¿vale?
-Está bien.
Le doy un fuerte beso en la mejilla y se va.
Después de esta conversación cariñosa de hermanas, apoyo la cabeza en la almohada y se me cierran los párpados, cayendo en un sueño profundo.

Prólogo

                                                       Prólogo.

La ilusión es un terreno desconocido para todos nosotros, nunca sabemos a qué mundo nos puede llevar ese sentimiento enorme y hermoso al que llamamos ilusión. Cuando pensamos que nada es imposible hablamos de la ilusión. Cuando sentimos un cosquilleo en la tripa es simple y únicamente  ilusión. Tenemos una magia en nuestro interior, una melodía y una canción que nos puede emocionar en cualquier momento y el jefe de eso es la ilusión.
Nunca debemos cuestionar los poderes que contiene la ilusión, porque en cualquier momento nos puede sorprender de verdad.
Esta historia demuestra cómo un sueño puede cambiar nuestra vida.